Estoy segura de que los acuerdos alcanzados aquí serán para el beneficio y desarrollo de los niños y adolescentes campechanos y mexicanos.
Primero fui maestra porque los niños tienen para mí un imán: me encanta escucharlos, los disfruto y muchos me dicen “Tía Layda”; los siento a todos de mi sangre.
Es muy importante escuchar activamente a las nuevas generaciones y reconocer sus derechos.