A Laurita, mi hermanita, en su cumpleaños

A Laurita, mi hermanita, en su cumpleaños
Se quedó congelado para siempre en mi memoria aquel momento inesperado. Maguis entró al cuarto y, sin preámbulos, nos dio la noticia de primera mano: ¡Vamos a tener una hermanita!
 
Ella misma decidió el sexo. Liber y yo reímos y celebramos con una felicidad que nos desbordaba.
 
Pero Maguis debió ser más explícita. Debió advertirnos que llegaría a nuestras vidas una muñecota, con ojos de luna llena, con enormes pestañas rizadas; una guerrera, adiestrada por los ejércitos de Esparta para vencer cualquier batalla y, sobre todo, para soportar, con disciplina heroica, interminables informes y eventos políticos.
 
Debió decirnos que sería la hija de todos, la tía de todos, la hermana incondicional y la amiga devota; la mujer soñada por muchos y el refugio amoroso de quienes tenemos la fortuna de caminar a su lado.
 
Debió anunciarnos que dedicaría su vida a llenar de amor su hogar y que, sin hacer ruido, iría dejando pedacitos de su ternura en las humildes casitas de los otros.
 
Si Maguis hubiera podido ser más precisa, habría sabido que aquella hermanita se convertiría en esta hermosa princesa, coronada de flores, valiente como una espartana, luminosa como una diosa del Olimpo y amorosa como solamente tú sabes ser.
 
Pero hay algo que sí supimos desde aquel primer instante, mi “tesorito”: antes de nacer, cuando aún flotabas entre las nieblas azuladas de lo eterno, nosotros ya te esperábamos con el alma abierta y te amábamos profundamente.
Hoy celebramos tu vida, tu belleza, tu fortaleza y la inmensa fortuna de tenerte.
 
¡Feliz cumpleaños, Laurita nuestra!